Solo quedan los despojos de lo que fuí. El dolor embotellado y una bombilla fundida en un mar de estrellas.
Soy la mujer que nunca llegué a ser. Una sombra que danza con olvidos eternos después del primer beso.
Silencio, silencio y más silencio. El paso del tiempo que marcha
por la ventana abierta, una vieja libreta a la que le pesan los tachones y allí
estás tu.