miércoles, 15 de febrero de 2012

Guerra fría

El frío no me asusta, la guerra con la que amenazan tus ojos y tu hipocresía es solo la respuesta que buscaba desde hace tiempo. No tiemblo cuando tu calada acaricia el aire que respiro, porque el silencio a veces puede ser un aliado, un plan perfecto para respirar.
Se que no vas a retirar tus fusiles, pero la muerte no me atemoriza.
El hielo entre mis pestañas no paraliza el tintineo que invade mi corazón, porque guardé latidos de repuesto entre la tinta de mis letras cuando tú bailabas tangos alemanes.
Al borde de tu nariz, navegan pateras llenas de miedo que revelan un naufragio pronto, una pérdida de descontrol que no acoquina a las guerras frías .

domingo, 12 de febrero de 2012

Futuro de indicativo

Guardaré cada una de las letras de tu nombre junto a mi almohada .
Ocultaré mi rostro entre la bruma del mar para que nunca sea descubierta la intensidad con la que brilla tu ausencia , en las noches de invierno.
Negaré que aún pienso en tí y seguiré casándome de farol cada anochecer para luego marchar rasgando mi vestido blanco, recordando todo lo que fuimos un veintiséis de febrero.
Llenaré mi maleta de miedos ajenos para hacer más largos los viajes que llevan a un lavadero en el que me besabas.
Odiaré tu cara de desconocido, con tanta fuerza que desfallecerán las palabras que retumban en mis entrañas.
Pero seguiré conjugando en futuro de indicativo para esquivar el dolor que produce tu olvido.

sábado, 11 de febrero de 2012

Carta sin destinatario

Te imaginé abriéndome puertas que hasta ahora no habían sido divisadas, dándole la luz que te caracteriza a mi mesita de noche, alentando cada movimiento que no tocan mis manos y abrazando cada suspiro de debilidad.
Cambié mi forma de entender para comunicarme con tu funesta voz, enmudecí mi visión y te contemplé camino del recuerdo. 
Admití que ya no eras real y olí el perfume de la ausencia. Me esforcé por no echarte de menos, pero tu inexistencia echó el ancla en mi memoria. 
Ahora solo espero verte torciendo la esquina que lleva hacia mi casa, aunque solo sea por una vez, una última vez que se amplíe hacia la eternidad. 

miércoles, 8 de febrero de 2012

A veces la tortuga vence a la liebre...

Le era fácil ser negociante de pateras, traficante de tristezas y notario de ilusiones.
Jugar con banderas que no entienden de países, esperar que la suerte fuera a buscarlo con un seguro de vida en la mano y demostrar que él nunca espera al tiempo - modificando los horarios del último tren-.
Pero entonces ocurre cuando sus ojos empañados de prisa ignoran lugares iluminados por las lágrimas de la luna. Cuando su alma guarda pasaportes para la siguiente vida y hace y deshace maletas con amores de repuesto, ignorando que olvidó vivir un tiempo que iba a paso de tortuga.
Por eso no me es complicado afirmar que la impaciencia lo dejó mudo y lleno de rabia, a expensas que las luces de neón le iluminaran la carretera que conecta sus pies con el cielo.